lunes, 13 de septiembre de 2010

Dueños del destino

"Sólo aquellos que nada esperan del azar son dueños del destino"

Matthew Arnold (poeta inglés)

viernes, 10 de septiembre de 2010

Proverbio de Nigeria

Un tigre no tiene que proclamar su fiereza

jueves, 9 de septiembre de 2010

Proverbio de la República Democrática del Congo

"La boca de un hombre anciano está sin dientes, pero nunca sin palabras de sabiduría"

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Proverbio de Camerún

"La cabra come el césped allí donde se ata"

domingo, 5 de septiembre de 2010

Los NADIES

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algun mágico día llueva de pronto la buena suerte,
que llueva acántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Eduardo Galeano

sábado, 4 de septiembre de 2010

Un cura mendigo...

Un sacerdote norteamericano de la archidiócesis de Nueva York se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Después de observarlo durante un momento, el sacerdote se dio cuenta que conocía a aquel hombre. Era un compañero del seminario, ordenado sacerdote el mismo día que él. Ahora mendigaba por las calles.

El cura, tras identificarse y saludarle, escuchó de labios del mendigo cómo había perdido su fe y su vocación. Quedó profundamente estremecido.

Al día siguiente el sacerdote llegado de Nueva York tenía la oportunidad de asistir a la Misa privada del Papa, a quien podría saludar al final de la celebración, como suele ser la costumbre. Al llegar su turno, sintió el impulso de arrodillarse ante el Santo Padre y pedir que rezara por su antiguo compañero de seminario, y describió brevemente la situación al Papa.

Un día después recibió una invitación del Vaticano para cenar con el Pontífice, en la que solicitaba llevara consigo al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y le comentó a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el mendigo, le llevó a su lugar de hospedaje, le ofreció ropa y la oportunidad de asearse.

Confesó al Papa

El Pontífice, después de la cena, indicó al sacerdote que los dejara solos, y pidió al mendigo que escuchara su confesión. El hombre, impresionado, le respondió que ya no era sacerdote, a lo que el Papa contestó: «una vez sacerdote, sacerdote siempre». «Pero estoy fuera de mis facultades de presbítero», insistió el mendigo, que recibió como respuesta: «Yo soy el Obispo de Roma, me puedo encargar de eso».

El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y le pidió a su vez que escuchara su propia confesión. Después de ella lloró amargamente. Al final Juan Pablo II le preguntó en qué parroquia había estado mendigando, y le designó asistente de párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos.
LA RAZÓN
miércoles, 9-V-2001

jueves, 2 de septiembre de 2010

Una flor de vez en cuando...

Se cuenta la historia de una mujer que había trabajado duramente para sacar adelante su familia con muy poco aprecio por parte de esta.



Una noche le preguntó a su marido:


-Oye, Pedro, si yo me muriera te ibas a gastar una gran cantidad de dinero en flores para mí, ¿verdad?
-Pues claro que sí, Marta. ¿Por qué lo preguntas?
-Es que estaba pensando que las coronas de muchos euros iban a significar en aquel momento muy poco para mí. En cambio, una florecita de vez en cuando, mientras viva, significa mucho.


Marta estaba expresando lo que desean en su corazón todas las personas que tenemos a nuestro alrededor. «Una florecita de vez en cuando», es decir, algún detalle en que demostremos nuestro amor puede llevar alegría a la vida de una persona. ¿Por qué esperar a que los corazones hayan dejado de latir, a que los ojos no vean y los oídos no escuchen, para hacer entrega de unas rosas a esa persona que está tan unida a tu vida? No olvidéis que vale más una sola rosa para el que vive que una gran corona para el que ya se fue.
 

martes, 31 de agosto de 2010

Tómate tu tiempo

Todo tiene su momento,
y cada cosa su tiempo bajo el cielo...
(Dios) todo lo hizo hermoso a su tiempo,
e hizo reflexionar al hombre sobre la eternidad...
(Ecl 3,1.9.11).


Tómate tiempo para pensar; es la fuente de la vida.
Tómate tiempo para jugar; es el secreto de la eterna juventud.
Tómate tiempo para leer; es la fuente de la sabiduría.
Tómate tiempo para orar; es la fuerza mayor aquí en la tierra.
Tómate tiempo para amar y ser amado; es un privilegio dado por Dios.
Tómate tiempo para ser amigo; es el camino de la felicidad
Tómate tiempo para reír; es la música del alma.

lunes, 30 de agosto de 2010

LOS TRES ÚLTIMOS DESEOS DE ALEJANDRO EL GRANDE

Encontrándose al borde de la muerte, Alejandro Magno convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos:

1 - Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los mejores médicos de la época.

2 - Que los tesoros que había conquistado (plata, oro, piedras preciosas), fueran esparcidos por el camino hasta su tumba, y...

3 - Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, y a la vista de todos.


Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le preguntó a Alejandro cuáles eran sus razones. Alejandro le explicó:

1 - Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos NO tienen, ante la muerte, el poder de curar.

2 - Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.
3 - Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos, cuando se nos termina el más valioso tesoro: el tiempo.


Así que al morir, recuerda que nada material te llevas, sólo las buenas acciones son una especie de cheques de viajero.


Y porque la vida es corta:
rompe reglas,
asómbrate de todo,
perdona rápidamente,
besa demoradamente,
ama verdaderamente,
ríe incontrolablemente y
nunca dejes de sonreír por más extraño que sea el motivo.
La vida no puede ser la fiesta que esperábamos, pero en cuanto estamos aquí, debemos vivirla, sonreír y dar las gracias.