viernes, 27 de agosto de 2010

sábado, 14 de agosto de 2010

Enséñame a ser buen amigo

Quiero ser buen amigo, Jesús,
enséñame a buscar
el bien de mis amigos
antes que el mío propio,
enséñame a compartir
y buscar siempre lo mejor para todos.
Que no me pelee
ni me enoje con mis amigos.
Que acepte con humildad
sus consejos y sus palabras.
Que siempre tenga una sonrisa
y las manos abiertas.
Que sepa perdonar
y pedir perdón.
Ayúdame a ser buena compañia
y a llevar esperanza.
Quiero ser tan buen amigo
como tú lo eres conmigo.




Enséñame a rezar

Jesús, maestro y amigo.
Me gusta charlar contigo,
decirte mis cosas,
contarte lo que me pasa,
pedirte consejos
o, simplemente, cantarte un rato.
Enséñame a rezar,
con ganas y entusiasmo,
todos las mañanas,
todas las noches.
Que no me olvide
de hablarte un momento
cada día,
para encontrarme contigo,
pedirte por mi familia,
darte gracias por la vida
y decirte
que te siento cerca mío,
caminando a mi lado siempre.

También en vacaciones

Durante el año estamos llenos de quehaceres,
 agobios, prisas, tareas, exámenes, extraescolares…
Necesitamos el reposo y descanso.
Necesitamos la paz y el diálogo.
Necesitamos el encuentro y la amistad.
Necesitamos descansar. Necesitamos las vacaciones.
Bendice, Señor, nuestras vacaciones.
Ayúdanos a que sean tiempo de felicidad
para la vida en familia,
para el encuentro con nosotros mismos
y con los demás,
para la brisa suave de la amistad y del diálogo,
para el ejercicio  que es tan bueno para el cuerpo,
para la lectura que siempre enriquece,
para conocer nuevos sitios
que siempre abren horizontes,
para la fiesta auténtica que alegra el corazón.
Acompáñame Jesús.
Te necesito, también en vacaciones.

viernes, 13 de agosto de 2010

lunes, 9 de agosto de 2010

Con Dios en bicicleta


Al principio veía a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera.
Pasaron los años, y me hablaron de que sin dejar de ser Dios, era también mi Padre, un Padre infinitamente misericordioso que me había amado ya desde antes de la creación del mundo y seguía amándome, que en Él vivía, me movía y existía y que siempre estaba a mi lado.
Y empecé a amarle. Y de repente, empecé a sentir mi vida como si fuera un viaje en bicicleta, pero ¡era una bici de dos!, y noté que Dios viajaba conmigo y me ayudaba a "pedalear".
No se como, ni sé cuando sucedió que Él me sugirió que cambiáramos los lugares, lo que sí sé, es que mi vida no ha sido la misma desde entonces.
No confié mucho en Él al principio, me costó mucho darle el control de mi vida. Pensé que la echaría a perder, porqué yo sabía muy bien donde iba, ya tenía el camino y la meta fijados, aunque todo fuera un tanto aburrido y predecible, incluso las caídas. Sin embargo, cuando Él tomó el mando; me olvidé de mi "aburrida" vida y mi vida se convirtió en una aventura. ¡Mi vida con Dios empezó a ser y sigue siendo muy asombrosa y emocionante!
Me di cuenta que Él conocía cosas que yo no sabía acerca de andar en bici, Él conocía secretos... Sabía como doblar para dar vueltas cerradas, brincar para evitar obstáculos llenos de piedras, buscar senderos abiertos en los que su compañía se hacía "luz" cuando en mi vida se hacia de noche y habían desaparecido la luna y las estrellas, incluso sabía "volar" para no caer en precipicios. El conocía caminos diferentes con paisajes hermosísimos, a través de montañas y de valles, y bordeábamos ríos y atravesábamos pueblos y con velocidades increíbles. Lo único que yo podía hacer era sostenerme; aunque pareciera una locura.
Y cuando le decía "estoy asustado", Él se inclinaba un poco para atrás y por unos segundos cogía mi mano y mi temor desaparecía. Y cuando le decía: "estoy cansado"; o me preocupaba y ansiosamente le preguntaba: "¿a dónde me llevas?..." Él giraba un poco la cabeza, y escuchaba su voz llena de ternura que me decía: "PEDALEA Y CONFÍA EN MI...".
Así que comencé a confiar en Él.
Él me llevó a conocer lugares desolados, donde reinaba el hambre, la pobreza, la enfermedad, la injusticia, y también me llevó a conocer gente con un corazón lleno de dones, lleno de amor, de generosidad, de justicia, de alegría y de paz. Ellos me dieron esos dones para llevarlos en mi viaje; nuestro viaje: de Dios y mío. Y Él me dijo: "Comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso, mucho peso extra, así te irás pareciendo a mí, que todo cuanto tengo os lo he dado y el viaje se nos hará más ' ligero' ". Y así lo hice con la gente que ibamos conociendo. Y allá íbamos una y otra vez, Él y yo...
... ahora ya no le digo nada; estoy aprendiendo a "pedalear" con otro ritmo, por los más "extraños lugares", estoy aprendiendo a callar y a disfrutar de la vista de este paisaje nuevo y de la suave brisa en mi cara. Y sobre todo estoy aprendiendo a gozar de la increíble y deliciosa compañía de mi Dios.
Se que Él lleva la bici y confío del todo en Él.
Solo le digo de vez en cuando que estoy "cansado", porque me gusta verle girar ligeramente la cabeza hacia mi y escuchar como me dice, con una ternura inefable: "ÁNIMO, ¡PEDALEA! Y CONFÍA EN MI, YO TE LLEVO"...